El puente del Diablo es una de las ruinas más
sugerentes de la merindad de Sangüesa. Situado en el extremo occidental de la
sierra de Leire, el misterioso viaducto está encajado en la misma boca de la
foz de Lumbier, justo en el límite con el término municipal de Liédena
TEXTO: JOSÉ A. PERALES FOTOS: JOSÉ A. PERALES
Antiguamente, los peregrinos y viajeros que venían
de Somport por la vía aragonesa, entraban por Navarra cerca del monasterio de
Leire. A partir de aquí tenían dos opciones. La más cómoda era ir de Yesa a
Sangüesa, y cruzar el puente sobre el Aragón (siglo XI) para seguir luego hacia
Monreal por Rocaforte y Liédena. La otra posibilidad era hacer directamente la
etapa de Yesa a Liédena, cruzando en barca el río Irati. Esta opción, aunque
más directa, tenía el inconveniente de las riadas que a veces se llevaban a la
barca, al barquero y sus ocupantes, aguas abajo. Para solventar esta
dificultad, el pueblo de Liédena decidió levantar un puente sobre el Irati, y
escogió para ello la salida de la foz de Lumbier, que es donde el río es mas
estrecho. Construido en el siglo XVI, el pequeño viaducto coincidía con un
camino que iba desde Liédena hasta las ventas de Lumbier, siguiendo la falda de
la sierra de Leire.

Cerca de aquí, se encontraban las ruinas de la
villa romana descubierta en los años veinte del pasado siglo. Todavía hoy no
está claro si se trataba de un establecimiento al servicio de la calzada, como
dicen algunos, o si se trataba de una lujosa mansión, propiedad de un dominus (propietario)
con buen gusto. En cualquier caso, las excavaciones arqueológicas desarrolladas
por el Gobierno de Navarra a mediados del pasado siglo, descubrieron alrededor
de cincuenta construcciones (viviendas, patios, almacenes, instalaciones
termales, lagares, etc… ) cuyas ruinas -fechadas en los siglos II y IV
respectivamente- quedan a la vista entre la carretera y la foz de Lumbier.
Es posible que el espléndido paraje de la foz, y el
remanso de agua que queda hoy a los pies del puente, fuera utilizado por los
romanos como zona de baños y de recreo. Sin embargo, el puente del Diablo se
construyó doce siglos más tarde. Probablemente, se levantó aquí siguiendo la
ley del mínimo esfuerzo, ya que en este lugar del camino es donde el río Irati
ofrece menos anchura: ocho metros, frente a los más de cien que tenía el puente
de Sangüesa sobre el Aragón.
A falta de una historia bien documentada, hay
varios cuentos populares que confirman la importancia de este pequeño viaducto,
cuya imagen figura hoy en el escudo de Liédena.

Diablo o Jesús
Según cuenta una de las leyendas más conocidas,
cerca de la foz de Lumbier, en la orilla derecha del río Irati, había un
palacio donde vivía una rica dama llamada Magdalena. Aunque era joven y bella,
la señora padecía del riñón y del estómago. Por eso, un día, su bondadosa
esclava Cliastela, se ofreció a llevarle un cántaro del agua de la fuente de
Liscar, famosa por sus propiedades curativas. Para ir hasta la fuente, situada
cerca de Liedena, había que cruzar el río en barca. Sin embargo, cuando la
abnegada Cliastela se disponía a pasar a la otra orilla al atardecer, se
encontró con que una riada se había llevado el pontón. La esclava pensó
entonces encomendarse a sus dioses antiguos, o quizás a la nueva religión que
acababa de llegar de manos de los frailes de Leire. Y en esa duda estaba cuando
se le apareció el diablo, en forma de un apuesto caballero que se ofreció a
construirle un puente a cambio de su alma. Según el pacto al que llegaron, el
viaducto debía levantarse entre las diez de la noche y las seis de la mañana.
Mientras la esclava volvía al palacio con su señora , el diablo convocó a una
caterva de demonios que pasaron la noche trabajando hasta que terminaron el
puente. Eran las seis menos cuarto en el reloj del infierno, cuando los diablos
se sentaron satisfechos a contemplar la obra. Poco después, apareció Cliastela,
y el diablo le pidió el alma. Pero la esclava, que parecía tonta pero era muy
lista , se excusó diciéndole que el puente no se había hecho en el tiempo
previsto, ya que el reloj de sol de la torre cercana, como podían comprobar,
marcaba las siete. «Desde ahora quedan rotas nuestras relaciones», dijo
Cliastela al tiempo que cruzaba la pasarela. «Además, en adelante este puente
se llamará puente de… Jesús». Al oír este nombre, los diablos dieron un alarido
y cayeron todos juntos en la poza sumergiéndose en las tenebrosas aguas de la
foz.
Cuentan en Liédena que, desde entonces, el viaducto
se llama indistintamente puente del Diablo o puente de Jesús.
El salto del guerrillero
Según algunos historiadores, el legendario puente
fue destruido por los franceses en 1812. Sin embargo, la memoria popular
atribuye su destrucción al guerrillero navarro Espoz y Mina. «La tradición oral
cuenta que este audaz cabecilla originario del vecino pueblo de Idocin, hizo
volar el puente durante la Guerra de Independencia, en marzo de 1811, para
impedir el paso de las tropas francesas», escribe Juan Ramón Corpas en su libro
Curiosidades de Navarra. Ello provocó la consternación de los hombres de su
partida, que al ver el puente cortado, creían cerrada la oportunidad de huir
por los cercanos riscos donde habitualmente se emboscaban. Entonces, haciendo
alarde de gallardía y capacidad de liderazgo, «don Francisco Espoz y Mina
espoleó su caballo y de un salto ganó la otra orilla. Nadie volvió a
protestar».
Dejando a un lado las leyendas, lo que parece
probado es que los peregrinos utilizaron durante siglos este puentecito y este
camino que llevaba por aquí hasta la venta de Judas. «Sabemos que cerca del
puente y de la villa romana, en la orilla derecha del río Irati, hubo una
especie de hospital de peregrinos, y que junto a él se encontraba la ermita de
Santa Elena», dice Beatriz Olleta, alcaldesa de Liédena.
Seguramente, la memoria popular asoció la
existencia de estas ruinas con el pequeño viaducto, y a partir de aquí elaboró
estas leyendas revestidas de fantasía, pero perfectamente ajustadas a la
geografía de la zona. «Yo he oído a mi madre, que cuando ella era joven, las
mozas de Liédena iban a coger agua a la fuente de Liscar, porque decían que era
muy buena para el riñón», añade la alcaldesa. Algunas mozas solían ponerse
junto a unas piedras muy grandes que había cerca para dar agua a los
peregrinos.
Hoy, la fuente se ha secado. Además, el entorno
aparece cubierto por el polvillo blanco de una cantera próxima. No obstante, se
conservan los tres caños de la fuente y la pila de hormigón donde caía el agua
milagrosa de la leyenda.
EL TÚNEL
La carretera actual de Pamplona-Jaca se construyó en el siglo XIX. Así que no es de extrañar que el viejo camino que llevaba de Liédena a la ventas de Lumbier perdiera interés después del derribo del puente. Curiosamente, un siglo más tarde, la vieja ruta volvió a recuperarse parcialmente, gracias al ferrocarril del Irati. Según dice David Maruri, investigador vinculado a Sangüesa, este tren de vía estrecha propició la construcción de un nuevo puente en el pueblo de Liédena, y abrió además un túnel de acceso a la Foz de Lumbier. «La perforación se produjo a unos cincuenta metros del puente del Diablo, y permitió la comunicación de ambos pueblos separados por la sierra de Leire». Hasta entonces la foz de Lumbier había sido intransitable, y los vecinos de Liedena y Lumbier tenían que dar un áspero rodeo por el llamado camino de la Piedra, que sube por el monte. Hoy, con la foz de Lumbier convertida en reserva natural desde 1987, los peregrinos del camino de Santiago, y los numerosos turistas que visitan este paraje, se acercan también hasta el puente del Diablo (o de Jesús), y algunos miran hacia el interior del desfiladero, con la impresión de encontrarse a las mismas puertas del infierno.
Fuente: Diario de Navarra